Viejo Lázaro, milagroso San Lázaro… los cubanos y Babalú Ayé (+video+fotos)

Miles de cubanos se congregan en el Santuario de El Rincón, para pedirle milagros a Babalú Ayé, el San Lázaro que se venera cada 17 de diciembre.

En este santo milagroso al que se le cumplen infinidad de promesas en Cuba, confluyen tres historias muy interesantes:
Babalú Ayé
Lázaro, el amigo que Jesús resucitó; el mendigo que aparece en una parábola de San Lucas y Babalú Ayé, el orisha que se sincretiza con los dos anteriores.

De acuerdo al portal católico ACIPrensa, Lázaro es un nombre significativo en el idioma de Israel que quiere decir: “Dios es mi auxilio”.

El santo de hoy se ha hecho universalmente famoso porque tuvo la dicha de recibir uno de los milagros más impresionantes de Jesucristo: su resurrección, después de llevar cuatro días enterrado.

Este Lázaro, hermano de Marta y María Magdalena, vivió en Betania, a las afueras de Jerusalén y se dice que Jesús lo revivió, según el Evangelio de Juan (11:41-44).

Respecto a la parábola donde se menciona al pobre Lázaro, en el Evangelio de Lucas, capítulo 16, versículos 19 al 31, se relata la historia de dos hombres y el destino final de cada uno de ellos.

El pobre Lázaro llega a la gloria del cielo y el rico epulón es condenado al infierno.

Babalú Ayé

Su condición de leproso hizo que se convirtiera en el santo patrón de la lepra y la imagen de los perros lamiéndole las llagas le hacen similar a San Roque, santo patrón de la peste, con el que no tiene nada que ver.

Babalú Ayé es, en cambio, un término lucumí. Se trata de un Orisha mayor y santo muy venerado. Se considera deidad de la viruela, la lepra, las enfermedades venéreas y, en general, de las afecciones de la piel.

Babalú Ayé era muy mujeriego. Andaba continuamente de parranda hasta que todo el mundo le perdió el respeto y la misma Ochún, que era su mujer, lo abandonó.

Un Jueves Santo, Orula le advirtió: “Hoy domínate y no andes con mujeres”. Sin hacer caso del consejo de Orúmbila, esa noche se acostó con una de sus amantes. Al otro día amaneció con el cuerpo todo cubierto de llagas purulentas.

La gente huía de él porque le tenía miedo al contagio y sólo lo seguían algunos perros, a los que les gustaba lamerle las llagas.

Por mucho que suplicó, Olofi se negó a perdonarlo y, al fin, Babalú Ayé murió. Pero a Ochún le dió lástima y gracias a sus ardides consiguió que Olofi le devolviera la vida.

Ahora Babalú Ayé sabía lo mucho que sufren los enfermos y por eso regresó tan caritativo y misericordioso.

Babalú Ayé

Sincretización

Podemos percatarnos en las tres historias anteriores de las cosas que hay en común: tanto Babalú Ayé como San Lázaro fueron resucitados y el día 17 de diciembre es su festividad.

No obstante, se asocia a Babalú Ayé con Lázaro, el mendigo y leproso. Los dos tenían llagas, andaban harapientos, con muletas y se hacían acompañar por perros.

Al ser San Lázaro un santo que sufrió el dolor y la enfermedad, los cubanos lo veneran cada 17 de diciembre, le piden milagros y sanaciones, le cumplen promesas y le oran por la salud.

Como asegura un diacono de la Arquidiócesis de La Habana, es la devoción popular más importante del pueblo cubano, sobre todo en la región occidental de la Isla.

* Con información de ACIPrensa y Recuerdos de Antaño

Babalú Ayé
Foto: EFE
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