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Padre Lester Zayas: “Hay que soñar una patria donde nadie sea perseguido por pensar diferente” (+VIDEOS)

El padre cubano Lester Rafael Zayas Díaz lanzó una dura reflexión sobre la realidad social de Cuba durante la celebración de la Virgen de la Caridad del Cobre, al describir un país marcado por la emigración, la desesperanza, la pobreza y la falta de oportunidades después de más de seis décadas bajo el sistema impuesto por el régimen castrista.

El padre cubano Lester Rafael Zayas Díaz lanzó una dura reflexión sobre la realidad social de Cuba durante la celebración de la Virgen de la Caridad del Cobre, al describir un país marcado por la emigración, la desesperanza, la pobreza y la falta de oportunidades después de más de seis décadas bajo el sistema impuesto por el régimen castrista.

Durante su homilía, el religioso utilizó la disminución de fieles en su propia parroquia como punto de partida para retratar el profundo vaciamiento demográfico que sufrió la Isla durante los últimos años.

“Una comunidad parroquial disminuida porque vivimos en una nación disminuida”, expresó el padre Lester Zayas Díaz.

El sacerdote describió posteriormente a Cuba como una “nación en fuga” y lamentó especialmente la ausencia de jóvenes.

“Todo el mundo se va, todo el mundo se ha ido, todo el mundo tiene a alguien que se ha ido”, afirmó.

“Al cabo de sesenta años se da cuenta de que todo ha sido un error”

Uno de los momentos más contundentes de la homilía llegó cuando Zayas Díaz reflexionó sobre la frustración acumulada tras décadas de un proyecto político que prometió construir una sociedad mejor.

“Tiene que haber mucha desilusión y mucho desencanto en quien, intentando construir una patria mejor, al cabo de sesenta años se da cuenta de que todo ha sido un error”, manifestó.

El sacerdote profundizó en esa idea al señalar el impacto que pudo tener esa constatación sobre quienes respaldaron durante décadas el rumbo seguido por el país.

“Tiene que haber mucho desencanto, mucha frustración, mucha desilusión en todo aquel que, creyendo firmemente que hacía el bien, se da cuenta de que sencillamente colaboró no para un futuro mejor, sino para un presente peor”, agregó el padre Lester Zayas.

Sus palabras apuntaron a una realidad visible en la Cuba actual, donde la crisis económica y social empujó a cientos de miles de ciudadanos a buscar fuera del país las oportunidades que no encontraron dentro de sus fronteras.

Jóvenes que se marchan y ancianos buscando comida

Zayas Díaz también cuestionó por qué los jóvenes no encontraron espacio para desarrollar sus proyectos de vida en Cuba y por qué numerosos ancianos enfrentaron sus últimos años en condiciones precarias.

“Tal vez la razón última sea porque vivimos en una nación donde no podemos vivir con dignidad”, señaló.

La denuncia adquirió mayor fuerza cuando el sacerdote pidió imaginar una Cuba distinta, en la que pensar diferente no condujera a la persecución y emigrar dejara de convertirse en la única salida para numerosos jóvenes.

“Hay que volver al altar del Cobre para soñar a los pies de María que es posible una patria donde nadie sea perseguido por pensar diferente”, dijo.

También pidió una nación “donde ninguno de nuestros jóvenes tenga que irse al mar para poder realizar el sueño de su vida” y “donde ningún anciano tenga que, en su vejez, registrar en los basureros de la ciudad para poder conseguir algo que llevarse a los labios”.

Un llamado a recuperar “la casa Cuba”

La homilía trascendió así la celebración religiosa y se convirtió en una reflexión sobre el futuro nacional. Zayas Díaz habló de recuperar “la casa Cuba” y defendió la necesidad de construir una sociedad donde los ciudadanos pudieran pensar libremente y desarrollar sus vidas sin abandonar su tierra.

“Tenemos que soñar una nación sin cárceles de puertas abiertas para los que piensan de otra manera”, expresó.

Al amparo de la Virgen de la Caridad, símbolo profundamente arraigado en la identidad nacional, el sacerdote terminó planteando la necesidad de recuperar la esperanza y trabajar por una patria “con todos y para el bien de todos”, en medio de una de las etapas de mayor deterioro económico, migratorio y social de la Cuba contemporánea.

Reproducimos a continuación la homilía del padre Lester Zayas:

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

«¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación».

Palabra del Señor.

Homilía

Mis queridos hermanos:

Cuánto me gustaría a mí que hoy esta celebración, tan cubana, tan nuestra y tan cristiana, pudiera ser celebrada en un contexto diferente al que hoy nos embarga.

Cuánto me gustaría hoy que nuestro templo estuviera abarrotado como hace, por ejemplo, quince, diez o veinte años atrás. Cuánto me gustaría ver el templo rejuvenecido con la cara de tantos jóvenes que participaban de la Eucaristía y vivían su fe con alegría en esta parroquia.

Cuánto me gustaría que esos puestos vacíos que hoy vemos, y que con muy poco esfuerzo podría yo llenar de nombres, estuvieran llenos por aquellos a quienes se les enseñó la fe, que vivieron la fe, que perseveraron en la fe, que nunca perdieron la fe, porque la fe fuera apagada en Cuba.

Cuánto me gustaría que hoy en este templo resonara el rostro de la alegría de quien siente que su vida está totalmente planificada, llena, completa, y no como muchas veces nos vemos a nosotros mismos.

Pero sí es cierto que no podemos negar la realidad. La realidad que tenemos hoy es esta: una comunidad parroquial disminuida porque vivimos en una nación disminuida.

Una parroquia con un gran número de hermanos y hermanas ausentes porque, lamentablemente, vivimos en una nación en fuga. Todo el mundo se va, todo el mundo se ha ido, todo el mundo tiene a alguien que se ha ido.

La realidad nos dice, además, que tenemos que darnos cuenta de que somos una parroquia sin jóvenes porque somos una nación sin espacio para nuestros jóvenes, y nuestros jóvenes se han ido.

Somos, efectivamente, una parroquia con muchísimos menos ancianos, porque nuestros ancianos han muerto, algunos porque ya tenían muchos años; otros, producto de enfermedades perfectamente tratables, curables, en cualquier parte del mundo y absolutamente mortales en nuestro contexto.

Tenemos que hacernos conscientes de que vivimos, sentimos y habitamos una parroquia con una profunda tristeza porque vivimos en una nación profundamente triste.

Pretender negar la realidad es vivir de espaldas a ella. Y como cristianos y como cubanos se nos está pidiendo no lavarnos las manos ante la realidad, asumir la realidad y hacer siempre lo posible por transformar la realidad.

Podríamos preguntarnos por qué no hay espacio en nuestra nación para cada uno de los hijos de esta tierra. Podríamos preguntarnos, efectivamente, por qué nuestros jóvenes no pueden ser felices aquí.

Podríamos preguntarnos por qué nuestros ancianos no pueden vivir con dignidad aquí. Podríamos preguntarnos por qué nadie quiere tener familia aquí, por qué nadie quiere casarse aquí, por qué nadie quiere tener hijos aquí.

La misma Organización de Naciones Unidas ha advertido que Cuba en los próximos años perderá a una parte importante de sus habitantes, y la misma Organización de Naciones Unidas ha advertido que en unos años Cuba llegará a los cinco millones.

Podríamos preguntarnos por qué en menos de seis años hemos pasado de once millones a ocho, según las cifras oficiales, y probablemente a seis, según las cifras más auténticas y ajustadas.

Tal vez la razón última sea porque vivimos en una nación donde no podemos vivir con dignidad.

Tal vez la pregunta de fondo sea porque vivimos en una nación que ha olvidado lo fundamental. Tal vez sea porque vivimos en una nación donde los miembros de esta tierra hemos preferido cruzarnos de brazos y dejar que sean otros los que decidan el destino de la patria.

Tal vez puede ser, sencillamente, porque estamos cansados, porque estamos desencantados, porque estamos desilusionados. Porque tiene que haber mucha desilusión y mucho desencanto en quien, intentando construir una patria mejor, al cabo de sesenta años se da cuenta de que todo ha sido un error.

Tiene que haber mucho desencanto, mucha frustración, mucha desilusión en todo aquel que, creyendo firmemente que hacía el bien, se da cuenta de que sencillamente colaboró no para un futuro mejor, sino para un presente peor.

Tal vez sea ese desencanto y esa desilusión que marca el día a día de nuestra existencia lo que hace que nosotros, como cubanos, miremos hacia un futuro sin ilusión y sin esperanza.

Si uno se asomara a las redes sociales hoy, uno vería que era imposible pasar de un estado a otro sin ver permanentemente a la Virgen de la Caridad.

No hay cubano en el mundo que hoy no haya posteado de alguna manera —sabiendo lo que hacía, sin saber lo que hacía, tal vez por costumbre, por tradición, porque le gustó o porque se lo mandaron en un grupo— a María de la Caridad.

Tal vez porque María de la Caridad sea la esperanza que nos queda. Tal vez porque María de la Caridad sea la ilusión que nos atrevemos a avistar en nuestro camino. Ella es como la luz que no queremos apagar.

Tal vez porque María de la Caridad sostiene, de alguna manera, en cada uno de nosotros, los hijos de esta tierra, el sentido de cubanía.

Hace dos años, en esta misma parroquia, yo decía —y algunos discrepaban conmigo— que estábamos asistiendo a la muerte de Cuba, en el sentido de lo que Cuba significa, de lo que Cuba inspira, de lo que Cuba ha supuesto, de lo que Cuba ha movilizado en cada uno de nosotros.

Unos años después somos conscientes de que la palabra Cuba todavía resuena en lo hondo del alma, pero ha dejado de ser cada día más una palabra movilizadora, gestora, creadora de una nueva realidad.

Y tal vez María de la Caridad sea lo único que nos queda.

Tal vez volviendo a ella seríamos capaces de volver a encontrar en nuestro hermano la viabilidad de nuestra vida personal y el destino de la nación.

Bien hizo, si es posible, como fue posible también en aquella noche terrible que nuestros jóvenes de entonces soñaran la independencia de Cuba, cuando parecía que aquello no era posible y, sin embargo, un grupo de jóvenes soñaba con una Cuba independiente y libre y tuvieron la osadía, la valentía, la intrepidez de confiar a María de la Caridad sus sueños.

Tuvieron el coraje de ir al Cobre para contarle a María de la Caridad sus sueños de una Cuba independiente.

Porque ellos, los mambises, a los pies de la Virgen del Cobre, empezaron allí con ella a diseñar lo que más tarde sería la nación cubana.

María de la Caridad acompañó los sueños de aquellos hombres.

Es cierto que no fue fácil el camino. Es cierto que el camino no estuvo libre de dificultades. Pero María de la Caridad, como hemos escuchado en el texto evangélico de hoy, se puso en camino con aquellos hombres hacia la libertad total, hacia la independencia de Cuba.

Ella supo acompañarlos en las noches duras de la manigua. Supo acompañarlos en la noche dura cuando parecía que todo iba a fracasar.

María de la Caridad supo levantar el ánimo constantemente cuando parecía que no iba a ser posible. Ella inspiró la vergüenza de nuestros jóvenes de entonces cuando parecía que era imposible la libertad por falta de número y de recursos.

Ya tenemos a un Ignacio Agramonte que, al ser preguntado cómo sería posible conquistar la libertad, inspirado por la Madre del Cobre —y por el ejemplo que también tenía en su casa—, responderá: «¡Con la vergüenza de los cubanos!»

María de la Caridad acompañó entonces la noche dura de la patria y tal vez por eso cada uno de nosotros hoy nos resistimos a dejarla, a abandonar la única esperanza que nos queda.

Nos queda todavía la posibilidad de volver a los pies de la Madre del Cobre.

Nos queda la posibilidad de volver a los pies de María para decirle a ella:

María de la Caridad del Cobre, necesitamos a Jesucristo en el centro y en la raíz de nuestra nación.

Necesitamos volver a ella para decirle:

María de la Caridad, enséñanos a restaurar la patria que se nos extravió, que se nos rompió en el camino, para que nuestros hijos vuelvan a casa.

Tenemos que volver al altar del Cobre para decirle a ella:

María de la Caridad, despierta otra vez nuestra esperanza para que sea posible el regreso.

Tenemos que volver otra vez a ella y decirle:

María de la Caridad, destierra nuestra desesperanza para poder, entre todos, con la dignidad humana por delante, con el bien en el centro, construir la patria que se nos quedó a medio camino, la soñada por Martí y la soñada por nuestros próceres.

Hay que volver al altar del Cobre para soñar a los pies de María que es posible una patria donde nadie sea perseguido por pensar diferente.

Donde ninguno de nuestros jóvenes tenga que irse al mar para poder realizar el sueño de su vida.

Donde ningún anciano tenga que, en su vejez, registrar en los basureros de la ciudad para poder conseguir algo que llevarse a los labios.

Tenemos que decirle a María de la Caridad:

Restaura nuestra humanidad, para que ningún anciano nuestro permanezca muerto en un parque, al resistero del sol, y no sea atendido hasta muchas horas después.

Tenemos que atrevernos a volver a soñar a los pies del altar de María del Cobre para que los grandes ideales de salud y de educación no sean solo fruto de una ideología que se impone, sino un derecho fundamental del hombre.

Hay que soñar una patria nueva para que nuestros ancianos, nuestros enfermos, nuestros niños puedan ser atendidos en nuestros hospitales en igualdad de condiciones y no haya que hablar con el médico por lo bajito para ver cómo se consigue el medicamento necesario.

Tenemos que volver a los pies del altar del Cobre para decirle a María:

Enséñanos el camino para poder formar a nuestros niños para el porvenir según los criterios de la verdadera humanidad, según la virtud y con absoluta libertad para escoger, no solo según un Estado o una ideología, qué futuro queremos para nuestros hijos.

Tenemos que volver a soñar, como nuestros próceres a los pies del altar del Cobre, que es posible, con la vergüenza de los cubanos, hacer que la patria nueva que todos deseamos nazca cuanto antes.

Tenemos que ser valientes y, a los pies del Cobre, pedirle a ella la intrepidez con la que se fue a Ain Karim a ver a su prima Isabel, para que también movilice nuestros pies, movilice nuestra alma, movilice nuestra vida, para poner manos a la obra y trabajar los sueños de una nación libre, con todos y para el bien de todos.

Tenemos que soñar una nación sin cárceles de puertas abiertas para los que piensan de otra manera, donde todos podamos soñar un futuro para Cuba, un futuro mejor, y donde todos podamos sentirnos en casa.

Tenemos que recuperar entre todos la casa Cuba, que se pudo construir con tanto empeño, con tanta dedicación, con tanta valentía, con tanto amor por nuestros jóvenes mambises.

Tenemos que pedirle a María que nos enseñe qué fue lo que ella les dijo a nuestros jóvenes mambises, para que nos lo vuelva a decir a nosotros y podamos otra vez programar el bien de nuestra tierra.

Que nadie es menor que nadie. Que nadie se queda al borde del camino. Que nadie es marginado, porque en esta tierra bendita todos somos hijos de una misma madre.

Es lo que le pediría yo hoy a María de la Caridad.

Y me gustaría terminar haciendo mías las palabras de un señor conocido, el arzobispo primado de Santiago de Cuba y primado de Cuba, esta mañana en el altar del Cobre, donde le pedía a María de la Caridad:

Que nuestra patria sea como la quiere el pueblo, se mueva por los deseos del pueblo y a partir de los sueños del pueblo. Solo allí es posible la justicia, la verdad y la igualdad.

Así sea.

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Redactor Cuba Trendings:
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