Un católico cubano cuestionó a la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y reclamó a sus integrantes una postura más firme frente a la crisis que atraviesa la isla.
El antillano Juan Carlos Gil Araujo criticó el silencio que, a su juicio, mantiene parte de la jerarquía eclesiástica ante el deterioro de las condiciones de vida de la población y afirmó que otras comunidades cristianas están asumiendo un compromiso público que espera también de los representantes de la Iglesia Católica.
«Pues señores obispos cubanos, esos a quienes ustedes les llaman “hermanos separados” son los que están dando la cara por el pueblo de Cuba», escribió Gil Araujo en una publicación difundida en Facebook, en la que expresó su inconformidad con la actuación de la jerarquía católica ante la realidad nacional.
El creyente dirigió su mensaje a los obispos cubanos en medio de una crisis marcada por los prolongados apagones, la escasez de alimentos y medicamentos, el deterioro de los servicios públicos y las dificultades económicas que afectan a las familias. En ese contexto, reclamó que la Iglesia asuma una posición más visible frente al sufrimiento de los ciudadanos.
El reclamo de un católico a los obispos cubanos
Gil Araujo cuestionó que, mientras numerosos cubanos enfrentan dificultades cotidianas, los máximos representantes de la Iglesia Católica no se pronuncien con la contundencia que él considera necesaria. Su crítica no estuvo dirigida a la fe católica ni a todos sus integrantes, sino específicamente a la Conferencia Episcopal Cubana.
En su publicación, el autor rechazó que las celebraciones religiosas y las procesiones multitudinarias ocupen el centro de la actuación pública de la institución mientras persisten los problemas sociales del país.
«Cuba no necesita procesiones ni celebraciones multitudinarias. Cuba no necesita ni la visita de ningún Papa», escribió antes de formular la exigencia central de su mensaje: «Lo que necesita el pueblo cubano es que ustedes denuncien. Con claridad. Con valentía. Con pasión».
El católico insistió en que los obispos cuentan con espacios y recursos para hacer llegar sus pronunciamientos a la sociedad, por lo que considera insuficiente cualquier respuesta que no incluya una denuncia directa de las dificultades que experimenta la población.
Su cuestionamiento también puso sobre la mesa el papel de las distintas denominaciones cristianas en Cuba y las diferencias que, según su percepción, existen entre la jerarquía católica y las comunidades religiosas que mantienen una presencia pública más crítica frente al régimen castrista.
«Griten bien alto que su pueblo se muere»
Uno de los pasajes más contundentes del mensaje fue la exigencia de que los obispos se acerquen a las necesidades de los ciudadanos y conviertan su voz institucional en una herramienta para denunciar la crisis.
«Denuncien. Griten bien alto que su pueblo se muere», escribió Gil Araujo, quien también reclamó a los representantes de la Iglesia que caminen junto a los cubanos que sufren las consecuencias de la situación económica y social.
La publicación reflejó una discusión recurrente entre creyentes cubanos sobre los límites de la actuación pública de las instituciones religiosas bajo un sistema político que mantiene un control estricto sobre numerosas esferas de la vida nacional.
Aunque la Iglesia Católica ha sostenido espacios de interlocución con las autoridades y ha intervenido en asuntos de interés social, Gil Araujo considera que esa presencia no basta si no va acompañada de pronunciamientos que identifiquen con claridad los problemas que afectan a la ciudadanía.
El autor, además, aclaró que su denuncia no pretende descalificar a todos los religiosos católicos. Por el contrario, reconoció el trabajo de sacerdotes, religiosas y otros miembros de la comunidad que, según indicó, sí están comprometidos con la dignidad del pueblo cubano.
«Quedan descartados de esta sencilla crítica los religiosos y religiosas cubanos que sí están a la altura de las circunstancias», precisó en su mensaje.
Rechaza las críticas por cuestionar a la jerarquía católica
Gil Araujo también respondió a las reacciones que recibió su publicación. Según explicó, algunos usuarios lo acusaron de comunista por criticar a los obispos, mientras otros cuestionaron el tono que empleó para expresar su inconformidad.
El creyente rechazó esas descalificaciones y defendió su derecho a cuestionar a las autoridades de su propia comunidad religiosa sin que eso implique renunciar a su fe.
«Yo soy fiel a la mía, con toda la mierda que lleva dentro. No quiero proselitismo. Yo he elegido libremente a mi comunidad de fe», escribió, al rechazar las sugerencias de abandonar la Iglesia Católica y sumarse a otra denominación cristiana.
Su postura planteó una distinción entre la pertenencia religiosa y el respaldo incondicional a las estructuras institucionales. Para Gil Araujo, ser católico no impide exigir responsabilidades a los obispos ni reclamar una mayor implicación de la Iglesia ante la crisis cubana.
Un comentario reivindica la trayectoria histórica de la Iglesia Católica en Cuba
La publicación también generó respuestas de usuarios que defendieron el papel histórico de la Iglesia Católica frente al régimen cubano y cuestionaron que las críticas actuales ignoren décadas de persecución religiosa.
Uno de los usuarios recordó en los comentarios la participación de creyentes en las protestas del 11 de julio de 2021, las detenciones de sacerdotes y jóvenes católicos y la trayectoria de opositores vinculados al Movimiento Cristiano Liberación, entre ellos Oswaldo Payá, fundador del Proyecto Varela. El usuario también señaló que religiosas y sacerdotes respaldaron a Anna Bensi y a su madre durante el proceso judicial que enfrentaron.
«La Iglesia Católica ha puesto los muertos, los presos en la UMAP», antes de concluir con una advertencia sobre la importancia de no olvidar el pasado: «Más memoria histórica que nos quedamos con los que nos conviene…», escribió en defensa de la institución.
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