Iglesias de La Habana quedan rodeadas de basura: sacerdotes denuncian años de abandono
Dos parroquias católicas de Centro Habana denunciaron las graves condiciones de insalubridad que enfrentan debido a la acumulación de basura, malos olores, humo, excrementos, animales muertos y otros desperdicios alrededor de sus templos, una situación que, según sus sacerdotes, persiste desde hace años sin una respuesta efectiva de las autoridades del régimen de Cuba.
La denuncia involucró a las parroquias de San Judas Tadeo y San Nicolás de Bari y Nuestra Señora de Montserrat, cuyos párrocos, Ricardo Alberto Sola Ros y Juan Ríos Dorta, respectivamente, decidieron unir sus voces ante lo que describieron como un escenario de abandono que perjudica tanto a los edificios religiosos como a sus comunidades.
Basura rodea los templos en Centro Habana
Uno de los casos más graves se registró en San Judas y San Nicolás, donde un enorme vertedero urbano se convirtió en parte del entorno cotidiano de la iglesia. Los sacerdotes denunciaron la presencia de “miles de moscas”, malos olores, excrementos y orines en las esquinas, restos vinculados con prácticas de santería y animales muertos.
También señalaron que sacerdotes y feligreses quedaron expuestos al humo generado por la quema de los desperdicios.
“Respiramos humo cancerígeno del fuego mal apagado”, afirmó la denuncia, que describió además daños en ventanas, aceras y otras partes de la infraestructura.
La situación llegó incluso a afectar directamente al templo. Según el relato de los religiosos, una quema de desperdicios alcanzó la puerta lateral de la iglesia, mientras las labores de recogida de basura con maquinaria pesada provocaron afectaciones en las aceras y habrían comprometido zonas próximas a los cimientos.
Montserrat enfrenta un panorama similar. Los sacerdotes describieron irónicamente que esta parroquia “compite” con San Judas y San Nicolás en un “macabro espectáculo” de basura e insalubridad.
“¡BASTA YA DE TANTO ABUSO E IGNOMINIA!”, reclamaron.
Sacerdotes denuncian promesas incumplidas
Los párrocos aseguraron que acudieron a diferentes instancias administrativas y sanitarias para buscar una solución, pero sus gestiones no consiguieron eliminar definitivamente los focos de basura.
Recordaron particularmente una reunión con el intendente de Centro Habana, quien hace más de un año habría prometido resolver la situación.
“No se preocupe padre, en tres meses lo solucionamos”, les aseguró, según la denuncia.
Sin embargo, el problema continuó y los religiosos volvieron a hacer público su reclamo ante el deterioro de las condiciones sanitarias.
La acumulación de desperdicios en diferentes puntos de La Habana se convirtió en una de las expresiones más visibles de la crisis de los servicios públicos que atraviesa Cuba. La falta de combustible, el deterioro de los vehículos de Comunales y las dificultades para garantizar una recogida sistemática provocaron la proliferación de vertederos en barrios de la capital.
“Esto no es libertad religiosa, es maltrato”
La denuncia también vinculó estas condiciones con la libertad religiosa. Los sacerdotes recordaron que, durante unas confirmaciones celebradas tres años atrás, el entonces arzobispo de La Habana, cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, observó el enorme basurero cercano a San Judas y San Nicolás y preguntó: “¿En Cuba hay libertad religiosa?”.
“No, no hay libertad religiosa”, respondió entonces la comunidad, según el relato.
Los dos sacerdotes apelaron ahora a la jerarquía católica de La Habana, la Nunciatura Apostólica y el papa León XIV para buscar una salida ante una situación que consideran insostenible.
“Somos dos párrocos impotentes ante tanta ignominia, ya que las autoridades ‘competentes’ no solucionan este gravísimo problema”, expresaron.
El mensaje concluyó con una de las frases más contundentes de la denuncia: “Esto no es libertad religiosa, es maltrato”, y añadió que muchas personas incluso consideran que el abandono podría ser intencionado.
Mientras no llegue una solución, las comunidades de ambas parroquias continúan celebrando su fe en medio de una realidad marcada por vertederos, contaminación y el deterioro urbano que golpea a numerosos barrios de La Habana.
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