“El Papa se queda en Camagüey”, el estribillo a Juan Pablo II que se escuchó en 1998 (+videos)

La multitudinaria misa del 23 de enero de 1998 en Camagüey, dejó un contagioso estribillo a Juan Pablo II que todavía se recuerda.

Se dice que ese día hubo unas 250.000 almas en la plaza “Ignacio Agramonte” de la Ciudad de los Tinajones. El mensajero de la verdad y la esperanza quedó impresionado con los asistentes.

“¿Qué puedo decirles yo a los jóvenes cubanos, que viven en condiciones materiales con frecuencia difíciles, en ocasiones frustrados en sus propios y legítimos proyectos, y por ello a veces privados de algún modo de la propia esperanza?”, decía Juan Pablo II en un mensaje escrito.

Algunos asociaron su mensaje con actividad subversiva, máxime en una provincia que tiene fama de que sus pobladores son los más reacios al gobierno y a sus dirigentes.

Si el mensaje escrito era tremendamente contundente, la homilía fue en extremo gratificante y lejana al estilo directo, conferencista y doctrinal, a tal punto que Su Santidad bromeó con los asistentes: “¿Son mexicanos que parecen cubanos o son cubanos que parecen mexicanos?”

El diario español El País reseñaba así aquel momento:

“Aun así, en Camagüey, en la plaza dedicada al héroe católico de la guerra de la independencia cubana, conocido como El Bayardo, no había un tímido auditorio, como el que escuchó la primera misa del pontífice en Santa Clara, sino una concentración multitudinaria entusiasta y comunicativa -la mayor concentración religiosa que ha conocido la isla- que aplaudió su discurso movilizador.”

El estribillo a Juan Pablo II que estaba por venir se las ingenió para cruzar fronteras, ascendió al Padre y al mundo junto a las oraciones más íntimas de cada persona que estuvo en la plaza para escuchar al Papa polaco, quien se conmovió al escucharlo.

“Muchas gracias por haber abierto las puertas de sus casas. Yo los llevo a todos en mi corazón y cada día rezo por ustedes. Muchas gracias por haber venido tan numerosos a pesar del fuerte sol. ¡Se ve, se siente, que el sol está presente! Es el sol de la vida y por esto nos recuerda a Jesucristo, que da la vida verdadera y la da en abundancia”, dijo Juan Pablo en su homilía.

A veinte años de escucharse aquel espontáneo y hermoso estribillo a Juan Pablo II, muchos rememoran la celebración eucarística y aquellas palabras llenas de fe y esperanza, de quien hoy, desde lo Alto, pudiera estar intercediendo por el pueblo cubano.

“Al marcharme para ir a encontrar a otros hermanos, agradecido con la invitación a quedarme en Camagüey, les quiero repetir que Cristo los mira, a cada uno, los mira y ama. Por eso no tengan miedo de abrirle las puertas de su corazón. ¡Que este sea el programa de la juventud cubana!”

Así concluyó la homilía y entonces sobrevino el estribillo a Juan Pablo II que hoy queremos rememorar.

* Escrito por Kike Perdomo kikeperdomo@gmail.com con información de El País

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