Trabajé junto a Fidelito Cabrera en la Pastoral Diocesana de la Iglesia en Camagüey. Yo solía corregir «Amigos de Jesús», un pequeño boletín que él preparaba, y Fidelito me entregaba además cuanta carta o documento escribía para que se lo revisara.
Cierta vez, unos cinco años después de los atentados del #11deSeptiembre de 2001, uno de aquellos textos mencionaba el #WorldTradeCenter. Fidelito intentaba pronunciar el nombre, pero yo no lograba entender qué quería decirme.
—Chico, esto de las Torres Gemelas, que no sé cómo se dice —terminó aclarándome.
Entonces me mostró algunas fotografías de una visita que había hecho a Nueva York, invitado por Oscar Gongora Machin, su gran amigo del alma, quien vive allí. En las imágenes aparecía en las Torres Gemelas antes de los atentados. Me eché a reír y le dije:
—Bueno, Fide, tú no sabes decirlo, pero estuviste allí. Yo sé decirlo y nunca conocí las Torres Gemelas.
Óscar todavía recuerda aquella ocurrencia y se la repite de vez en cuando.
Este 11 de septiembre, al cumplirse 25 años de aquel acto terrorista, Fidelito volvió a contarme su historia. En 2002, mientras aún se retiraban los restos de la zona, le pidió a Óscar que lo llevara hasta allí. Para su amigo era muy doloroso regresar, pero Fidelito insistió porque deseaba rezar en aquel mismo lugar.
«Fue una experiencia muy dura. Tres años antes había subido a la Torre 2, y ahora llegaba allí y veía que aquella gigantesca torre se había convertido en escombros y chatarra. Y, peor aún, pensaba en cuántas víctimas había causado aquel acto asesino».
El área permanecía cercada y no permitían el paso. Las mallas estaban cubiertas de banderas estadounidenses, flores, globos y otros recuerdos colocados en memoria de las víctimas. Fidelito logró acercarse y recoger un pequeño puñado de escombros para llevárselo consigo.
Poco después de regresar a Cuba enfermó gravemente. Nunca pudo saber si había contraído algún virus al entrar en contacto con el polvo y los restos del lugar, pero la cercanía entre ambos hechos dejó siempre abierta esa posibilidad.
En 2015 regresó a Nueva York. Donde antes se levantaban las Torres Gemelas encontró el Memorial y pudo rezar nuevamente por las víctimas.
Hoy conserva en Cuba aquellos pequeños escombros, junto con el boleto del mirador y las fotografías de cuando las torres todavía existían.
«Conservo bajo mi custodia estos pequeños escombros —me dijo—. Los guardo con cariño y hoy los llevaré a la misa». Y me lo dice balbuceante, los que conocemos a Enrique Cabrera Napoles, Fidelito, sabemos que tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
En esta historia —haber conocido las Torres Gemelas, regresar después para rezar entre sus ruinas y volver años más tarde ante el Memorial— se revela la sensibilidad de un cubano que vive en Cuba ante una tragedia ocurrida en otra tierra.
Fidelito quizá todavía no sepa pronunciar correctamente World Trade Center. Pero estuvo allí, rezó entre sus escombros y nunca olvidó.