Las violaciones de la libertad religiosa en Cuba volvieron a quedar expuestas durante agosto, cuando el Observatorio de Libertad Religiosa del Centro de Denuncias Defensa CD documentó 140 hechos que afectaron a 99 personas en distintas zonas de la isla.
El informe registró nuevos episodios de hostigamiento, vigilancia, interferencia estatal y detenciones contra personas vinculadas al ejercicio de la fe y la libertad de conciencia.
El reporte identificó entre los afectados a 57 hombres y 42 mujeres. La Habana concentró la mayor cantidad de casos, con 45, mientras Villa Clara acumuló 38 y Pinar del Río registró otros 10.
Los datos mostraron que la presión no se limitó a una comunidad religiosa específica, sino que alcanzó a personas pertenecientes a diferentes tradiciones.
El Observatorio advirtió que durante el mes se produjeron “nuevas acciones de hostigamiento e interferencia estatal contra actores religiosos, así como patrones represivos que afectan a comunidades de distintas tradiciones de fe en la isla”.
Entre las denuncias recopiladas apareció el caso de la Comunidad Anfet Zaid, una minoría religiosa identificada con el judaísmo mesiánico que, según su líder, Luis Mario Herrera Veitía, enfrentó durante años restricciones, vigilancia e intimidaciones por parte de las autoridades.
Uno de los episodios ocurrió durante un servicio religioso celebrado un sábado. Herrera Veitía relató que un represor conocido como “Pelo’e pincho” irrumpió en el lugar acompañado por perros y otros agentes policiales.
La presencia de los animales generó especial preocupación porque había niños en el recinto. De acuerdo con el testimonio del líder religioso, los integrantes de la comunidad tuvieron que interponerse para impedir que los perros se acercaran a los menores.
“Entró, irrumpió el servicio y nos pusimos muy nerviosos”, relató Herrera Veitía al describir lo ocurrido.
El caso expuso una de las formas en que se manifestó la presión sobre grupos religiosos que desarrollaron sus actividades fuera de los canales tolerados por el régimen. La Comunidad Anfet Zaid tampoco consiguió reconocimiento legal, una situación que su líder señaló como otro de los obstáculos que enfrentó la agrupación.
Las dificultades no terminaron con las interrupciones durante los cultos. Herrera Veitía también denunció problemas para obtener alimentos y literatura religiosa, elementos necesarios para mantener las actividades de la comunidad.
“Tratamos de hacerlo lo mejor posible, con lo poco que tenemos”, afirmó.
El informe del Observatorio también recogió denuncias relacionadas con persecución y detenciones arbitrarias de personas que ejercieron o promovieron la libertad religiosa y de conciencia. La variedad de casos documentados apuntó a un escenario en el que diferentes grupos religiosos enfrentaron mecanismos de presión por parte de las autoridades.
Las violaciones de la libertad religiosa en Cuba también reflejaron la interferencia de las estructuras estatales sobre actividades que deberían desarrollarse dentro del ámbito de la libertad de culto. La vigilancia, las interrupciones y las restricciones denunciadas afectaron tanto a líderes como a integrantes de comunidades religiosas.
El volumen de casos documentados convirtió a agosto en otro mes con un elevado número de incidentes relacionados con las violaciones de la libertad religiosa en Cuba. La concentración de reportes en La Habana y Villa Clara mostró, además, que el fenómeno tuvo una presencia significativa fuera de un único territorio.
Para las organizaciones que monitorearon la situación, las violaciones de la libertad religiosa en Cuba no se redujeron a hechos aislados, sino que estuvieron acompañadas por patrones de hostigamiento contra personas y comunidades. Los 140 casos documentados constituyeron así un nuevo registro de las dificultades que enfrentaron los creyentes para practicar su fe.
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