El juicio contra la activista cristiana cubana Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, generó una nueva reflexión sobre el papel que debe asumir la Iglesia en una sociedad marcada por la represión política y la falta de libertades. Para el realizador audiovisual católico Adrián Martínez Cádiz, el proceso judicial dejó una exigencia concreta: acompañar a quienes sufren las consecuencias de enfrentarse pacíficamente al poder.
En una publicación difundida en Facebook, Martínez Cádiz recordó una reflexión que había realizado meses atrás sobre el papel de la Iglesia en la Cuba actual y sostuvo que el caso de Anna Bensi mostró la necesidad de pasar de las palabras a la presencia concreta.
“La libertad se defiende acompañando”, afirmó el realizador al iniciar su mensaje, en el que destacó la presencia de varios miembros de la comunidad católica junto a las mujeres procesadas por el régimen castrista.
Martínez Cádiz mencionó expresamente a Nadieska Almeida, al padre Lester Rafael Zayas Díaz y al padre Jorge Luis Pérez Soto, además de valorar el pronunciamiento de la CONCUR en defensa de la dignidad, la libertad de conciencia y la libertad de expresión de Anna Bensi y su madre.
Para el realizador católico, el alcance del proceso judicial no quedó limitado a las dos mujeres. En su análisis, el castrismo intentó utilizar el castigo como una señal dirigida a otros jóvenes cubanos que comenzaron a expresarse públicamente y a cuestionar las condiciones impuestas por el régimen.
“A mi juicio, la dictadura pretende convertir su castigo en una advertencia para toda una generación que comienza a hablar sin pedir permiso”, escribió.
La advertencia, según su reflexión, radicó en el efecto que puede producir la represión más allá de quienes fueron directamente procesados. El objetivo sería generar temor entre ciudadanos que podrían preguntarse qué consecuencias enfrentarían ellos y sus familiares si decidieran ejercer públicamente su libertad de expresión.
Martínez Cádiz cuestionó precisamente esa lógica y rechazó que las víctimas de la represión terminen cargando con la responsabilidad por las consecuencias de sus propias acciones.
“La responsabilidad de perseguir pertenece siempre a quien persigue. Nunca a quien ejerce pacíficamente su libertad”, sostuvo.
El papel de la Iglesia cubana
El mensaje también puso sobre la mesa el dilema que enfrenta la Iglesia cubana ante una realidad en la que numerosos ciudadanos quedaron expuestos a la presión estatal por expresar sus opiniones o defender determinadas posiciones.
En ese sentido, Martínez Cádiz reivindicó una Iglesia capaz de permanecer cerca de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, incluso cuando ese acompañamiento implique asumir riesgos.
“La prudencia tiene que ayudarnos a proteger a quienes sufren; pierde su sentido cuando sirve para justificar que los dejemos solos”, afirmó.
Su planteamiento no se limitó además a los católicos. El realizador llamó a superar las diferencias religiosas e ideológicas para defender derechos fundamentales que pertenecen a todos los cubanos.
Católicos, protestantes, evangélicos, creyentes de otras religiones y personas sin fe religiosa pueden coincidir, desde sus respectivas posiciones, en la defensa de la dignidad humana y las libertades civiles.
En el caso de Anna Bensi y Caridad Silvente, esa solidaridad adquirió una dimensión particular debido a que ambas enfrentaron un proceso judicial que, según sus propios pronunciamientos públicos, estuvo relacionado con la grabación de un policía. La condena contra la joven y su madre provocó además reacciones de solidaridad dentro y fuera de Cuba.
Para Martínez Cádiz, defenderlas representó algo más que respaldar a dos personas concretas. “Defender a Anna y a Caridad es defender el derecho de cualquier cubano a hablar sin que su familia se convierta en instrumento de presión”, escribió.
El realizador concluyó su reflexión con un llamado a evitar que el miedo y el aislamiento continúen favoreciendo al poder.
“La dictadura pretende que cada persona se sienta sola frente al poder. Nuestra respuesta debe ser que nadie tenga que defender solo su libertad”, afirmó.
Vale mencionar que el caso Anna Bensi volvió a colocar sobre la mesa el papel de la Iglesia cubana frente a quienes reclamaron libertad y dignidad en medio de la presión del régimen.