Cubano residente en Miami escribe una carta abierta a Carlos Lazo (+tuits)

Osvaldo Gallardo González, escritor y profesor cubano residente en Estados Unidos, es el autor de una carta abierta a Carlos Lazo.

La misiva fue publicada en redes sociales luego de que Lazo, también docente y radicado en Seattle, eliminara algunos comentarios tras un post en redes sociales.

«Lazo eliminó comentarios míos en una publicación de él y le hice esta carta, que envié por messenger y tuve la certeza de que la recibió», dice Gallardo.

El profesor Carlos Lazo, veterano de la guerra de Iraq, ha pedido al presidente Donald Trump que levante el embargo a la isla de Cuba y «extienda una mano solidaria» a su pueblo.

Gallardo le propuso al cubanoamericano que hicieran una petición al gobierno de Díaz-Canel, pero no relacionada con cambios políticos.

«Vamos a pedirle, usted y yo, y todos los cubanos que se nos unan, que haga todo lo posible ahora porque nuestra gente no se nos muera de hambre. Así de sencillo», escribió.

«Vamos a pedir que quiten los onerosos impuestos aduanales y los excesivos cargos por los pasaportes y otros procedimientos migratorios», agrega el texto.

La misiva ha sido muy comentada y replicada en la red social Facebook, pero su destinatario principal no ha respondido, como suele hacer con los que piensen diferente.

«Tu carta me llegó a lo más profundo por su honestidad y claridad de propósitos», comentó la usuaria Morbila Fernandez.

«El peso de la razón y la verdad se imponen siempre a justificaciones que cómo hierbas de raíz nada las afirma ni arraiga.Congratulaciones», opinó Alfredo Enrrique.

Reproducimos a continuación la Carta Abierta a Carlos Lazo, escrita por Osvaldo Gallardo, en representación de toda la comunidad cubana en el exilio.

CARTA ABIERTA A CARLOS LAZO

Miami, 5 de mayo de 2020

Estimado Profesor Carlos Lazo:
Hace solo 5 años salí de Cuba, mis amigos saben con cuánto dolor y sinceridad asumí esa decisión. Dejé detrás muchos amores, tantos como cualquier cubano. Algunos de ellos, ya irrecuperables. Me siento cubano y exiliado, igual a quienes vinieron en 1959, 1961, 1980 ó 1994. Me siento exiliado, aunque mis circunstancias hayan sido diferentes, no viene al caso ahora explicarlas, y haya salido del país bajo la nueva ley migratoria, y conserve la condición de residente, condición que sospecho peligrará si hago pública esta carta, como es mi intención.
Sí, me siento exiliado, porque creo que mi vida debía haber transcurrido en Cuba naturalmente. Pero me echaron de Cuba, profesor, me echaron… porque se hace imposible allí vivir una vida digna y ser fiel absolutamente a los imperativos de la conciencia y la razón humanas. Como individuo, durante mucho tiempo creí que mi sentido de vida solo se cumpliría en la patria, pero como padre de familia, me vi en la obligación de escapar de esa realidad enajenante para proveer mejor horizonte a mis hijos. Usted no me conoce, pero creo que con estas letras le alcanza para comprender mi visión del asunto.
Recuerdo con mucho gusto la interpretación con sus alumnos del tema de Orishas: «Cuba, isla bella»; fue un momento realmente emocionante para cualquier cubano. Me imagino cuánto amor pone en sus alumnos cuando habla de Cuba. De igual modo, creo que no se atrevería a interpretar con ellos ahora el nuevo éxito «Ámame como soy»: «Por qué no intentas escuchar mi voz/ y no matemos la idea/ por un disparo al corazón.// El tiempo de la espera se agotó/ como un reloj de arena/ y ya escuchamos tu canción.»
Porque de eso se trata el PROBLEMA DE CUBA, profesor. Se trata de que YA NO HAY TIEMPO, y que tampoco podemos malgastarlo repitiendo viejos argumentos, culpando a causas externas de nuestros males. Usted tiene buena energía, profesor. Tiene mucha gente que lo sigue. Le propongo que hagamos una petición al gobierno cubano, y fíjese que no pienso pedir cambios políticos, elecciones libres, multipartidismo, no, sería mucho pedir. Vamos a pedirle, usted y yo, y todos los cubanos que se nos unan, que haga todo lo posible ahora porque nuestra gente no se nos muera de hambre. Así de sencillo.
Pedirle, por ejemplo, una amnistía, para presos comunes y políticos, por supuesto los que no representen un peligro para la sociedad. Gente pacífica, que son hijos, padres, hermanos, y son brazos que seguro tienen deseos de trabajar y salvar la patria. Vamos a pedirle que ponga todos sus recursos en cuidar al pueblo y no en reprimirlo. Vamos a pedirle, usted y yo, que deje a los campesinos cultivar la tierra, distribuir y vender sus productos, así de simple, verdadera reforma agraria y mercado libre campesino, como cuando yo era niño y mi tío Manuel vendía los mejores plátanos de mi pueblo, que al final esos no fueron inventos capitalistas.
Fíjese, profesor, que petición más desesperada, que dejo a un lado los deseos de libertad, legítimos en tantos buenos cubanos, y estoy dispuesto a pactar para que mi gente no se muera de hambre. Podríamos pedir, además, que los cubanos que nos fuimos tengamos derecho también a ayudar en el intento de salvarnos, no solo mandando dólares, también pudiéramos usted y yo poner juntos un puestecito de pan con tortilla, y venderlo solo a dos pesos cubanos. Usted se imagina, profesor, cuántos estómagos agradecidos irían a dormir más felices? Pero vamos a pedir algo muchísimo más fácil y urgente, vamos a pedir que quiten los onerosos impuestos aduanales y los excesivos cargos por los pasaportes y otros procedimientos migratorios. De este modo, todos podremos ir para Cuba con mucha más comida. A uno de mis hijos, profesor, le encantaría llevar un saco de arroz Jazmín a su abuela materna, para que pruebe que rico sabe y no tenga que escogerlo. Pero nuestros pasaportes vencen este mes. Se imagina cuánto costaría a mi familia de cuatro hijos viajar juntos a Cuba? Y como esto de pedir nos queda bien a los cubanos, podemos pedir que al menos por estos meses de pandemia no vendan los productos alimenticios a precios excesivos sin correspondencia con los salarios, se imagina cuánto ayudaría eso a nuestros viejitos que tienen que sobrevivir con 200 pesos cubanos al mes, poco menos de 8 dólares. Y así vivían mis padres, profesor, sé de qué le hablo.
Podría seguir pidiendo, profesor, pues de males en mi patria conozco bastante, pero no mucho de leyes económicas. Creo que si conseguimos, usted y yo, que el gobierno cubano nos escuche, poco a poco las cosas irán cayendo por su propio peso, incluso el «bloqueo», y también el odio, o la intolerancia, y así en el futuro que sueño para Cuba, usted y yo, y todos, podamos dar nuestras opiniones y sepamos respetarlas. Y usted, profesor, no se vea en la necesidad de para defender sus ideas, eliminar algún comentario mío no ofensivo, pero quizás diferente.
Dios lo bendiga,
Osvaldo Gallardo Gonzalez

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Kike Perdomo

Periodista y bloguero cubano radicado en Ecuador. Tiene experiencia en redes sociales, audiovisuales y wordpress. Ha trabajado para la radio, la televisión y el periodismo digital.

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