La denuncia realizada por la periodista cristiana Yaiset Rodríguez Fernández ha generado preocupación dentro y fuera de Cuba.
Según su publicación, en una escuela de Camagüey se estaría solicitando información sensible sobre la fe de los estudiantes.
“En la escuela Victoria de Girón… están pidiendo nombres y apellidos de los estudiantes que practican cualquier religión”, señala textualmente. Este hecho reabre el debate sobre la libertad religiosa en el sistema educativo cubano.
Rodríguez también advierte que este tipo de prácticas no son nuevas. “Esto no es nuevo, comenzó en los años 60”, afirma, vinculando la situación actual con políticas históricas de control ideológico.
Para la periodista, el trasfondo es claro. “Cuba no ha dejado de ser una dictadura… la intención de bloquear toda libertad sigue intacta”, escribe en su post, marcando una postura crítica.
Reacciones: denuncias de control, miedo y resistencia
Los comentarios al post reflejan indignación y experiencias personales similares. Guelmi Abdul califica la situación como “propio del asqueroso comunismo”, denunciando un intento de “controlar absolutamente todo, hasta los pensamientos”.
También cuestiona la autoridad moral del sistema educativo. Señala que mientras los padres sostienen las escuelas con recursos propios, el Estado intenta imponer control ideológico.
Por su parte, Yanetsy Pino comparte una postura de resistencia. “Yo me negaba a darles información… si todos hicieran lo mismo, la realidad fuera otra”, comenta, resaltando la importancia de la acción individual.
Roxana San Martín Mengana opta por una respuesta directa desde la fe. Relata que instruyó a sus hijos a afirmar su identidad religiosa sin temor: “Sí, cristiano/a…”, como acto de firmeza.
Otros testimonios evidencian que no se trata de un hecho aislado. Liana Karla Palancar recuerda: “Lo hicieron en mi escuela cuando tenía 8 años”, mostrando la persistencia del problema.
Libertad religiosa y educación: comparación con otros países
El contraste con otros sistemas educativos también aparece en los comentarios. José Fajardo explica que en otros países “les enseñan respeto por todas las denominaciones religiosas”.
Describe incluso asignaturas donde se estudian creencias desde una perspectiva cultural. “Los estudiantes pueden exponer con orgullo y sin miedo”, añade, marcando una diferencia notable.
En cambio, afirma que en Cuba históricamente “se instauró el ateísmo y el castigo por ser religioso”. Una realidad que, según su testimonio, aún genera temor en espacios educativos.
El debate no solo es político, sino también social y ético. Antonio Lescaille resume el sentir general con ironía: “A eso le llaman libertad”.
Mientras tanto, voces como la de Leya Santana lo interpretan como persecución. “Dios está viendo… yo soy cristiana y nunca lo negaré”, afirma, reflejando una fe que persiste pese a las presiones.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave. ¿Debe la escuela intervenir en la vida espiritual de los estudiantes o limitarse a educar en libertad y respeto?