La franja roja de la bandera venezolana está hecha de sangre… Se acabó la pintura para la bandera y están usando su sangre, la sangre del pueblo, la sangre de inocentes pacifistas atrapados en la guerra.
Como lo negro en las damas de blanco, como Martí en una bala y Camilo en una desaparición.
“La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”.
José Martí
Son ellos, el pueblo, los que se levantan con hambre y salen a llenarse con golpizas y gases lacrimógenos.
Son los que prueban el sabor de las balas y se ahogan con el agua de los carros lanza-agua.
Ellos también son los que tienen que tener más paciencia que un menor en quimioterapia, que un cuervo esperando la muerte, aunque sea la de él mismo.
Se puede decir que la calle es una tumba, un cementerio, un circo y el resto los gusanos, comiéndose la carne aunque sepa horrible, debido a que está llena de tinta, como un abuelo tatuado diciendo sus últimas palabras en un hospital, las cuales sin duda serian “Viva Venezuela Libre.”
Quiero ver los mercados siendo llamados supermercados, quiero que sobre el pan y la paz. La franja roja de la bandera venezolana está hecha de sangre…
Sin dudarlo, ahora Dios debería volver a bajar y situarse en Caracas, donde repetiría sus acciones y le diera ojos al régimen y boca al pueblo para que coman y se expresen.
Que quiten todos los clavos y que cuando los hayan quitado todos vean el daño que han causado.
Que el pueblo saboreara otra cosa que no sea agua y aire, que arrancaran los grafitis con besos y abrazos.
Que todos los muertos se levantaran para caminar por un cementerio libre, por una Venezuela libre.
Que no existan dos bandos, que al mirarnos veamos una paloma blanca y que su única prisión sea la libertad.
Hermanos venezolanos ¡Sigan luchando! Podemos cambiar la patria pues somos la mayoría.