El poema “Los días” de Rolando Escardó es una lápida en el patio del Liceo Camagüeyano, hoy Biblioteca Provincial.
No lo he encontrado en Internet, me gustaría reproducirlo íntegro en esta página y no decir más nada.
Pero Camagüey está muy lejos, y los amigos, muchos que antes estarían dispuestos a enviarme el texto o una foto, han ido desapareciendo del panorama, porque ser intelectual en Cuba ya no es razonable, y si eres un exiliado que trata de decir la verdad, puedes convertirte en un raro, y te toca cierto esquema de segregación que tiene sus propias leyes no escritas.
Escardó fue un poeta “revolucionario”, fue joven, entusiasta y gran poeta. Muerto prematuramente, quizá si viviese su poema no estuviera en esa esquina del patio del Liceo.
Rolando Escardó fue un poeta cubano, fundador en su provincia del Grupo Los Nuevos y del Grupo Yarabey
De Severo Sarduy, tan poeta como él, tan joven, tan entusiasta como él, pero más universal, no hay signos tangibles en la ciudad, su pecado fue vivir más y buscar la verdad, la suya.
Hay días en que la tristeza es muy honda. La perspectiva con que miras tu propia tristeza o la de los demás tiene una dimensión constante en el exiliado. Es enorme.
Hoy es uno de esos días. Un día en que ser objetivo es difícil, tratar de hacer un artículo de fondo sobre la realidad cubana puede ser una tarea demasiado pesada.Los hechos en la Isla se abren para mí como las “heces del café”, se ponen en fila, los ves sucederse y solo puedes enmudecer.
Estar atento a las agencias de noticias, a los protagonistas, a los posts de Facebook de varias decenas de personas que sostienen sobre sus hombros la verdad de la Isla, es una faena ardua y absurda.Cómo creer que esos valientes, que no son mayoría, podrán cambiar el horror que vive esa tierra tan querida y doliente. Si nuestra fe fuera tan grande como un grano de mostaza… nos advirtió el Maestro.
Pero lo más difícil no es aceptar el silencio de muchos. El miedo. Es comprensible. O el silencio de unos pocos, que debieran ser voz de los que no la tienen.Es difícil aceptar la simulación, la hipocresía, la doble moral llevada al límite, esos signos perceptibles de la indefensión adquirida, o del “daño antropológico” que tanto ha explicado nuestro filósofo Dagoberto Valdés.
Lo aún más difícil es aceptar ese acento inobjetable del mal en nuestra Isla, la “bien amada”, de la que la excelsa Loynaz, afirmaba que la “mala bestia no medró en tus predios”. Dulce María escribió ese verso hace ya demasiado tiempo.
“Nunca he de llamar vil a un cubano que no piense como yo”, dijo Martí. Pero, ¿cómo llamar al cubano que envilece a la patria, a quien la mancha con la sangre de sus hijos, a quien la deshonra para las próximas generaciones? ¿Cómo llamar al cubano que justifica el crimen? El silencio puede ser un crimen. ¿Es necesario hacer el inventario del horror, o quienes lean esta página oscura podrán adivinarme?
Estas letras pueden parecer exageradas, algunos pensarán que soy dramático, manipulador, sensiblero. Así es que hemos banalizado el horror. Todo puede parecernos literatura, sensacionalismo noticioso, o política tendenciosa, pero detrás está la gente.
Detrás está el hambre, la muerte, el derrumbe, los incendios, las desapariciones, las penurias, la violencia, los crímenes del poder. Todas esas muertes. Tantos niños, tantos padres de familia, tanto cuerpo sin enterrar, tantas madres y su grito. Nuestro éxodo y nuestro genocidio.
Cómo se puede escribir serenamente sobre estas cosas y que la indignación y el asco no corroan el espíritu. No sé.
Cómo mirar el futuro con esperanza. La realidad defrauda cualquier esperanza. La complicidad hipoteca el futuro de la patria. La tibieza espiritual nos aleja de la Vida. La fe sin justicia nos condena.
Seis décadas es demasiado tiempo. La historia verdadera está por escribirse. Y esta etapa, no despreciable en nuestros escasos quinientos años de narrativa histórica, es poco menos que sombría. Tantos nombres del amor en esa Isla, tan hermosos, y tan maltratados por el nombre de la mala bestia.
La poesía tiene sus propios caminos. Cuando comencé a escribir esto, en esta mañana previa a un evento meteorológico que nunca trae buenas noticias, recordaba al poema de Escardó, en aquel lejano patio de nuestro Camagüey natal. Un intelectual cubano, que vive en Cuba, y que desde allí busca su verdad, como Severo, me lo ha hecho llegar, y aquí lo comparto: